
Servicio
Reeducación postural
Llevar el movimiento a tu día a día.
Hay un momento en el que la camilla ya ha hecho su parte. La zona molesta menos, te mueves con mayor comodidad y aparece una pregunta importante:
¿Qué pasa cuando vuelves a trabajar, entrenar o coger peso?
Quizá todavía hay un movimiento que evitas, una actividad que quieres recuperar o una molestia que reaparece cuando vuelves a tu rutina.
Ahí entra la reeducación postural.
Es la parte activa de mi trabajo. Valoramos cómo te mueves, elegimos algunos ejercicios y los practicamos juntos para que puedas incorporarlos a tu vida.
El objetivo es que recuperes confianza, movilidad y capacidad para realizar las actividades que necesitas.
Tu postura no tiene que quedarse quieta
No existe una postura perfecta que debas mantener durante todo el día.
Tu cuerpo está preparado para cambiar de posición, girarse, inclinarse, levantar peso y adaptarse a distintas situaciones.
A veces, determinados movimientos resultan incómodos o llevan tiempo provocando molestias. Puede que evites girar el cuello, que te cueste agacharte o que hayas dejado de cargar peso por miedo al dolor.
Durante la valoración observamos cómo te mueves, qué zonas participan y dónde aparecen las dificultades.
Quiero que tengas más opciones para moverte, sin vivir pendiente de colocarte correctamente.
Cuándo incorporamos la reeducación
En algunas personas forma parte del tratamiento desde el principio. En otras, aparece después del trabajo manual.
Puede tener sentido cuando una molestia mejora, pero vuelve al retomar ciertas actividades; cuando has recuperado movilidad, aunque todavía hay movimientos difíciles; o cuando necesitas volver progresivamente a entrenar, trabajar o realizar algo que llevas tiempo evitando.
No todas las personas necesitan esta fase.
Cuando hace falta recuperar fuerza, practicar determinados movimientos o ganar confianza al utilizarlos, el trabajo activo puede ser una parte importante del proceso.
Primero lo vemos en consulta
Un vídeo enseña cómo hace el ejercicio la persona del vídeo. Sobre ti sabe bastante poco.
Prefiero que primero lo practiquemos juntos.
Observo cómo te apoyas, cómo participan la columna y la pelvis, dónde aparece rigidez y qué movimientos te resultan difíciles. También tengo en cuenta lo que hemos encontrado durante la valoración y el tratamiento manual.
Después probamos los ejercicios más adecuados para tu situación.
Ajustamos la posición, el recorrido, la resistencia o la dificultad. Tú me cuentas cómo lo sientes y comprobamos que puedes realizarlo correctamente y con una carga adaptada a tu capacidad.
Me interesa que entiendas qué estás trabajando, para qué sirve y cómo trasladarlo a tus actividades habituales.
Pocos ejercicios, pero tuyos
No entrego una tabla universal con doce ejercicios para que vayas marcando casillas.
Quizá necesitas practicar cómo inclinarte y levantar peso con mayor confianza. Otra persona tendrá que recuperar un giro cervical, mejorar la movilidad de la cadera o volver a cargar una pierna que lleva semanas evitando.
Elegimos los ejercicios según lo que hemos valorado y aquello que quieres recuperar.
Si dos son suficientes para empezar, no añado seis más para que el papel parezca más serio.
También tenemos en cuenta el tiempo del que dispones y cómo encajarlos en tu rutina.
Prefiero que comprendas y practiques unos pocos movimientos útiles a que acumules ejercicios que terminarás dejando.
Lo que haces fuera de consulta importa
No necesita el mismo trabajo alguien que pasa muchas horas sentado que quien trabaja de pie, toca un instrumento o entrena fuerza.
Por eso me interesa conocer cómo es tu día.
Quizá quieres volver a correr, agacharte para jugar con tus hijos, trabajar con mayor comodidad o recuperar una actividad deportiva.
Los ejercicios deben acercarte a esos movimientos.
En consulta los practicamos y ajustamos. Después, lo que experimentas durante tus actividades habituales nos ayuda a saber cómo continuar.
Quiero conocer qué has podido hacer, qué sigue costando y cómo responde tu cuerpo.
Los ejercicios también evolucionan
Un movimiento que al principio resulta difícil puede acabar siendo sencillo.
Cuando eso ocurre, revisamos lo que necesitas. Podemos ampliar el recorrido, introducir resistencia, cambiar los apoyos o acercarnos a la actividad que quieres recuperar.
Si aparece alguna dificultad, volvemos a valorar antes de avanzar.
La misma rutina durante seis meses puede acabar contando más sobre la rutina que sobre tu evolución.
Los ejercicios deben adaptarse a tus progresos, no al revés.
El objetivo
El objetivo es mejorar tu movilidad, recuperar capacidad para realizar esfuerzos y ayudarte a retomar las actividades que el dolor, la rigidez o la inseguridad te han hecho limitar.
La reeducación postural complementa mi trabajo osteopático cuando tu situación requiere una participación más activa.
Partimos de la valoración, practicamos los movimientos que necesitas y adaptamos el trabajo según tu evolución.
Quiero que lo que hacemos en consulta tenga utilidad cuando vuelves a tu vida, con sus movimientos, cargas y ritmos habituales.
Pocos ejercicios. Más opciones para moverte.
Fuentes y lecturas
Para profundizar
Referencias que desarrollan los puntos tratados.
- Organización Mundial de la Salud (2023). Recomendaciones sobre ejercicio terapéutico y otros tratamientos para el dolor lumbar crónico primario en adultos. Consultar guía de la OMS · Ver fuente